jueves, 17 de octubre de 2013

Música



Los olores,  como la música, son poderosos evocadores de situaciones vividas. Son capaces, incluso, de cambiar nuestro estado de ánimo. Qué placentero oír y volver a oír algunas melodías y más todavía cantarlas. La música, además, es una terapia contra los pensamientos negativos, no sólo porque cantar provoca en nuestro cuerpo descarga de endorfinas, sino porque mientras cantas, sólo piensas en eso; todas las preocupaciones se borran, aunque sea algo temporal. Y si además te enseñan, mejor. Porque  siempre es un placer aprender; y un reto: nuevas letras, nuevas canciones, a veces en otro idioma, nueva gente…
Similar, en cierta manera, a cuando te enfrascas en un libro, o cuando esquías, no muy bien, como yo, y sólo piensas en deslizarte suavemente y no caerte. Vuelves “nuevo”  de la montaña.
¡Qué inesperada caricia recobrada!

viernes, 13 de septiembre de 2013

Jubilación

Cae la tarde más rápida que en días anteriores. Todavía hace calor a mediodía, pero el cambio, inexorable, se acerca y con él, la vuelta al ruedo.
Hace días he sabido de la jubilación forzosa, a los 65 años, de un médico conocido. De la noche a la mañana: le obligan a irse y a  dejar de hacer todo, absolutamente todo lo que hacía. Toda su experiencia se va por el desagüe porque nadie quiere  aprovecharla. ¡ Qué sociedad tan estúpida!
Qué diferente cuando la jubilación realmente es esperada porque quieres descansar de lo que has hecho, sientes que has cumplido una etapa y que hay otras muchas cosas que hacer. Entonces sí es jubiloso el descanso, el cambio, la nueva manera de vivir con horarios diferentes y sin las urgencias del pasado.
Cuánto bien haría a las nuevas generaciones contar con la experiencia de los mayores, y cuánta sabiduría acumulada desperdiciada.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Septiembre

Abro de nuevo la rutina con la noticia de otra guerra inminente. Esta vez en Siria. No me gustaría ser Obama; bueno, ni Obama ni cualquier otro poderoso que tuviera que decidir algo así. Además es obvio que ignoramos tantas circunstancias condicionantes, tantos intereses espurios. Es frustrante ver las noticias y más todavía leer entre líneas.
Sigo agarrándome a las cosas pequeñas, al día a día del sol naciente y el atardecer rojo, de la música y del lujo del silencio, del mar que nunca me canso de contemplar y de los ojos que me miran de verdad.
Casi todo lo demás es la rueda del hámster.

viernes, 26 de julio de 2013

Dolor


"Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
  cantando."
  

                Juan Ramón Jiménez

viernes, 21 de junio de 2013

Atardecer



Cae la tarde, plácida, sobre la llanura del Ampurdán. El Montgrí se estira, abre sus alas protectoras de tótem. Los olivos bailan  hoy con el  leve viento del Sur y los cipreses que protegen los cultivos engordan al sol. Aparecen las primeras pacas desparramadas en las eras y los manzanos crecen día a día con la bonanza tan esperada. El mar, en calma. El cielo, rojo, rosa, verdoso, azul, blanco; al final, casi malva. Las golondrinas -¡qué bien vuelan!- no paran. ¡Qué escandalosas las descaradas gaviotas!

 El relente  me devuelve a la realidad. 

Todavía hay que esperar un buen rato para poder contemplar la noche estrellada.

lunes, 10 de junio de 2013

Dar



Dar sin esperar nada a cambio; bueno, o esperar cariño, nunca agradecimiento, reconforta a quien lo hace. Pero...-siempre hay algún “pero”- muchas veces te encuentras con quien piensa que das porque no te das cuenta de lo que haces  o no  eres consciente de lo que hace el que se aprovecha de tu buena fe. Y sale el “listillo” de turno, que en lugar de pensar que tú eres bueno, piensa que eres tonto. Y al final, cuando te hartas de hacer el panoli, y de lanzar indirectas para ver si el otro se da por aludido, cosa que sortea con habilidad, quien se siente mal eres tú, porque dejas de hacer lo que  para el “listillo” es casi una obligación.
Vida perra ésta en la que parece que siempre tienes que ir recordando lo obvio.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Carranza



Desde el mirador de las cuevas de Pozalagua se ve el valle de Carranza en todo su esplendor, con la sierra de Sia al fondo, aún nevada, en esta primavera más fría de lo habitual. El “bocage” con los prados separados por cancillas de madera, los rebollares, los avellanos, hayedos, eucaliptos, el río Asón y las vacas, algunas todavía pintas, autóctonas, las menos, las ovejas grandes, más que las castellanas, de cabeza negra, parecidas a las irlandesas, quizá de la misma raza. Verde y más verde en todos sus matices. No hay aquí amapolas en los caminos y las gentes del lugar, en los pequeños pueblos, prefieren adornar sus casas con calas blancas o con la elegante bola de nieve, que crece con facilidad. Sólo los brotes nuevos de los jóvenes eucaliptos, rojizos, ponen alguna nota colorida, o de vez en cuando algún pequeño arbusto amarillo. Los árboles inmensos del norte.
A  pocos quilómetros,  el Cantábrico, espléndido. También aquí el verde llega desde sus colinas casi hasta el agua. El mar aquí se oye siempre y la arena compacta y mojada de sus playas bañadas por las olas de la pleamar me trae recuerdos de infancia