Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Rubén Darío
Los bordes de los caminos ya no tienen colores; sólo, flores blancas.
domingo, 3 de noviembre de 2013
jueves, 17 de octubre de 2013
Música
Los olores, como la música, son poderosos evocadores de
situaciones vividas. Son capaces, incluso, de cambiar nuestro estado de ánimo.
Qué placentero oír y volver a oír algunas melodías y más todavía cantarlas. La
música, además, es una terapia contra los pensamientos negativos, no sólo
porque cantar provoca en nuestro cuerpo descarga de endorfinas, sino porque
mientras cantas, sólo piensas en eso; todas las preocupaciones se borran,
aunque sea algo temporal. Y si además te enseñan, mejor. Porque siempre es un placer aprender; y un reto:
nuevas letras, nuevas canciones, a veces en otro idioma, nueva gente…
Similar, en cierta
manera, a cuando te enfrascas en un libro, o cuando esquías, no muy bien, como
yo, y sólo piensas en deslizarte suavemente y no caerte. Vuelves “nuevo” de la montaña.
¡Qué inesperada
caricia recobrada!
viernes, 13 de septiembre de 2013
Jubilación
Cae la tarde más rápida que en días anteriores. Todavía hace calor a mediodía, pero el cambio, inexorable, se acerca y con él, la vuelta al ruedo.
Hace días he sabido de la jubilación forzosa, a los 65 años, de un médico conocido. De la noche a la mañana: le obligan a irse y a dejar de hacer todo, absolutamente todo lo que hacía. Toda su experiencia se va por el desagüe porque nadie quiere aprovecharla. ¡ Qué sociedad tan estúpida!
Qué diferente cuando la jubilación realmente es esperada porque quieres descansar de lo que has hecho, sientes que has cumplido una etapa y que hay otras muchas cosas que hacer. Entonces sí es jubiloso el descanso, el cambio, la nueva manera de vivir con horarios diferentes y sin las urgencias del pasado.
Cuánto bien haría a las nuevas generaciones contar con la experiencia de los mayores, y cuánta sabiduría acumulada desperdiciada.
Hace días he sabido de la jubilación forzosa, a los 65 años, de un médico conocido. De la noche a la mañana: le obligan a irse y a dejar de hacer todo, absolutamente todo lo que hacía. Toda su experiencia se va por el desagüe porque nadie quiere aprovecharla. ¡ Qué sociedad tan estúpida!
Qué diferente cuando la jubilación realmente es esperada porque quieres descansar de lo que has hecho, sientes que has cumplido una etapa y que hay otras muchas cosas que hacer. Entonces sí es jubiloso el descanso, el cambio, la nueva manera de vivir con horarios diferentes y sin las urgencias del pasado.
Cuánto bien haría a las nuevas generaciones contar con la experiencia de los mayores, y cuánta sabiduría acumulada desperdiciada.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Septiembre
Abro de nuevo la rutina con la noticia de otra guerra inminente. Esta vez en Siria. No me gustaría ser Obama; bueno, ni Obama ni cualquier otro poderoso que tuviera que decidir algo así. Además es obvio que ignoramos tantas circunstancias condicionantes, tantos intereses espurios. Es frustrante ver las noticias y más todavía leer entre líneas.
Sigo agarrándome a las cosas pequeñas, al día a día del sol naciente y el atardecer rojo, de la música y del lujo del silencio, del mar que nunca me canso de contemplar y de los ojos que me miran de verdad.
Casi todo lo demás es la rueda del hámster.
Sigo agarrándome a las cosas pequeñas, al día a día del sol naciente y el atardecer rojo, de la música y del lujo del silencio, del mar que nunca me canso de contemplar y de los ojos que me miran de verdad.
Casi todo lo demás es la rueda del hámster.
viernes, 26 de julio de 2013
viernes, 21 de junio de 2013
Atardecer
Cae la tarde,
plácida, sobre la llanura del Ampurdán. El Montgrí se estira, abre sus alas
protectoras de tótem. Los olivos bailan
hoy con el leve viento del Sur y
los cipreses que protegen los cultivos engordan al sol. Aparecen las primeras
pacas desparramadas en las eras y los manzanos crecen día a día con la bonanza
tan esperada. El mar, en calma. El cielo, rojo, rosa, verdoso, azul, blanco; al
final, casi malva. Las golondrinas -¡qué bien vuelan!- no paran. ¡Qué
escandalosas las descaradas gaviotas!
El relente
me devuelve a la realidad.
Todavía hay que
esperar un buen rato para poder contemplar la noche estrellada.
lunes, 10 de junio de 2013
Dar
Dar sin esperar nada
a cambio; bueno, o esperar cariño, nunca agradecimiento, reconforta a quien lo
hace. Pero...-siempre hay algún “pero”- muchas veces te encuentras con quien
piensa que das porque no te das cuenta de lo que haces o no
eres consciente de lo que hace el que se aprovecha de tu buena fe. Y
sale el “listillo” de turno, que en lugar de pensar que tú eres bueno, piensa
que eres tonto. Y al final, cuando te hartas de hacer el panoli, y de lanzar
indirectas para ver si el otro se da por aludido, cosa que sortea con habilidad,
quien se siente mal eres tú, porque dejas de hacer lo que para el “listillo” es casi una obligación.
Vida perra ésta en
la que parece que siempre tienes que ir recordando lo obvio.
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