jueves, 3 de noviembre de 2011

Viajar

Una hora en la playa , o dos a lo sumo, antes de las doce que luego hace demasiado calor. Una ducha lenta. No hay relojes. Las letras del libro se van juntando y distorsionando: resbala la siesta como un lagarto perezoso. Un café contemplando la bahía. Un paseo largo. El cielo estrellado, en calma. El chiar de las golondrinas en los hilos de la luz por la mañana. Las horas y los días se alargan.

Cuando viajamos, en cambio, todo es rápido. Sabes que a lo mejor no vas a volver a ese lugar nunca y por tanto tienes que absorber con ansia lo que ves, a veces en rebaño de gentes. Quieres conocer, ver, tocar, probar...Vuelves molido del viaje. Pero algo nos impele a repetir la experiencia. El proyecto es siempre placentero.

Nada que ver vacaciones con viajar.


viernes, 28 de octubre de 2011

Noviembre

No me gustan las celebraciones impuestas. El día de la madre, el día del padre, el día de...Parece que si no entras en la corriente que arrastra a todos, eres un bicho raro. Además, si no haces o recibes un regalito, ¡ay!, te queda un remusguillo ahí dando guerra. Si lo haces, te sientes idiota por haber picado en el reclamo comercial; y si no, también te sientes incómodo pensando en si la persona que esperaba algo, se va a sentir decepcionada.

Tampoco me gusta el día de Todos los Santos. Los cementerios, que ya suelen ser bastante feos en general, sobre todo en las ciudades grandes, parecen una romería, una competición.

Voy todas las semanas al cementerio, o como mucho cada dos semanas, pero ese día, no. Renuevo las plantas, limpio, lloro y me desahogo. Hay cipreses, un olivo y gorriones en los huecos de la pared. Es un cementerio pequeño, de pueblo, en un paisaje en calma, con un campo de girasoles al lado. Me gusta pensar que algo queda allí de quien tanto quiero.


viernes, 21 de octubre de 2011

Otoño

Es tiempo de recogerse en casa. La semana que viene nos cambian el horario de verano y recuperamos un poco el ajuste con la luz solar. Los días son ya sensiblemente más cortos. Se nota sobre todo por las tardes; y por las mañanas, en el color de la luz: más blanca, menos intensa, más oblicua, menos cálida.

Es tiempo de recogerse en casa. Es cierto, pero para los que la tenemos. Es nuestro refugio: un café, un libro en nuestro rincón favorito, una comida caliente...

También empieza el tiempo de mayor penuria para la gente sin hogar. Con el calor, parece que los necesitados desaparecen. Ahora todo empieza a cambiar en la rueda de cada año.

El frío es mayor para los pobres.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El ascensor social

Todos mimamos en demasía a nuestros hijos, aunque la sabiduría popular recomiende que lo que menos agradecen los hijos son los mimos. El capricho, la permisividad no los prepara para las adversidades  que, inevitablemente, tendrán que afrontar en sus vidas.

Lo mismo vale para la enseñanza. El llamado “buenismo” , la palmada en la espalda, el “pobrecito, bastante tiene con lo que tiene en su casa”…y tantas otras cosas al uso hoy son “pan para hoy y hambre para mañana”. Solucionan, quizá, el problema inmediato, el aprobado de ese curso, pero están condenando al que recibe ese favor a que se quede donde está, a que no funcione el ascensor social que, gracias al esfuerzo de los estudios y, en muchos casos solo por ese camino, funciona, y que los podría sacar de la precariedad o la marginación.

Es bastante decepcionante ver cómo han cambiado  las cosas. Hace algunos años, la escuela pública sí conseguía la mejora de las condiciones sociales de sus alumnos y la siguiente generación tenía mejores expectativas que la anterior. Cosa que hoy no sucede.  Es cierto que el porcentaje de  estudiantes era menor y que, además, estaba casi siempre motivado por la familia que entendía claramente que el ascensor social dependía de la formación que pudieran alcanzar sus hijos.

En estos momentos, la situación está al límite. Precisamente los más débiles social y académicamente son los que necesitan con mayor apremio la formación, como única vía de salir de la posible exclusión. En mi opinión, y los datos lo demuestran, los alumnos que al final salen adelante se lo deben a la dedicación, el rigor y la exigencia y no a los regalos del buenismo.




lunes, 17 de octubre de 2011

Pequeños placeres

Estás sola en casa, porque quieres. No hablo de la soledad impuesta,  irremediable, porque te faltan familia o amigos, sino la buscada. Quieres un ratito para ti sola: tumbarte en el sofá sin hacer nada, casi con la mente en blanco, aprovechar para arreglarte con toda la calma del mundo, mirar cada poro de tu cara o de tu cuerpo con el espejo de aumento, arrancar el casi invisible pelo que sale donde no toca, lavarte el pelo con total lentitud, leer el capítulo que te falta o el periódico que te quedó atrasado...Te prometes a ti misma que vas a hacer esto al menos cada dos semanas..o una vez al mes...

Luego, es como cuando vas al gimnasio. Al salir, estás tan a gusto contigo misma, aunque molida, que te aseguras que lo vas a repetir todas las semanas, pero la vida de cada día te acucia...Y pasa otro mes sin volver.

 Parecido a cuando eras joven y te quedabas sola en casa de tus padres. De repente,  te parecía  que eras independiente y tenías la vida resuelta. Solo un espejismo. Breve, pero placentero, como la soledad buscada.


viernes, 14 de octubre de 2011

Nostalgia

Cuando la pena cae sobre mí...
miro hacia atrás
y busco entre mis recuerdos...

( de una canción de Luz Casal )

jueves, 13 de octubre de 2011

Carpe diem

Cuando Garcilaso nos dice en su soneto XXIII: "coged de vuestra alegre primavera /el dulce fruto...", nos incita a disfrutar de la juventud como algo finito, pasajero y que, por tanto, hay que aprovechar. Sin embargo, el concepto neoplatónico, idealizado, en que aparece esta idea, "carpe diem", no responde al mismo concepto que con ese lema, repetido como un mantra, vemos hoy incluso dar nombre a alguna discoteca. El "carpe diem" actual es igual a vive a tope, haz de todo, saca provecho, usar y tirar, rápido, rápido...,frente al sentido renacentista en que el provecho no es sinónimo de beneficio utilitario o egoísta, sino de provechoso para ti, en el sentido de que cada día que pasa no lo dejes escapar sin que haya sido fructífero. No es exactamente lo mismo. El paso del tiempo, sí: inexorable.